La doctora Rosa Molina animó al doctor psiquiatra Manuel Álvarez de Mon, junto con otros colegas de gran prestigio, a que convertiera parte de sus conclusiones científicas -147 artículos, algunos premiados con galardones- en un libro divulgador como es Desaprender. Este libro, entre otras cuestiones, plantea que la sociedad contemporánea ha confundido el progreso con la aceleración constante. Aunque se han logrado importantes avances médicos y sociales, han surgido nuevas formas de malestar relacionadas con la sobrecarga mental, la saturación de estímulos y la pérdida de capacidad para detenerse y reflexionar. El autor sostiene que muchos problemas actuales no derivan de una enfermedad mental propiamente dicha, sino de un exceso de información, exigencias y experiencias. Desde una perspectiva psicológica y neurocientífica, se describe cómo la sobreestimulación deteriora funciones esenciales como la atención, la memoria y la capacidad de concentración. La cultura contemporánea, centrada en experimentar, consumir y vivirlo todo intensamente, eleva el umbral de satisfacción y termina vaciando de significado las experiencias cotidianas. Los llamados «estímulos supernormales», amplificados por la tecnología y el consumo, generan una adaptación que exige cada vez más estímulos para obtener el mismo placer. Las redes sociales – sin que el autor sea contrario a su utilización- agravan este fenómeno al fomentar la comparación permanente con vidas idealizadas, lo que puede deteriorar la relación con uno mismo y con los demás. Frente a esta dinámica, el libro propone recuperar la capacidad de detenerse, revisar, desaprender y reflexionar sobre el sentido y el coste de nuestro modo de vida, reivindicando el valor de la profundidad, la continuidad y los vínculos sólidos. Desaprender se convierte en una tarea central para entender cuál es el verdadero éxito y la verdadera felicidad: No se trata de vivir menos, sino de vivir con más conciencia o con más pausa. Como bien dice la autora del prólogo no es un libro de recetario aplicativo. Es necesario recuperar los gestos olvidados que han que quedado oscurecidos con el aprendizaje. Es necesario detenerse para coger impulso y seguir avanzando. De tal manera que avanzar no es necesariamente progresar al igual que desaprender no es perder.

Lo que se ha convertido en normal, culturalmente hablando, no siempre es bueno para la salud. La multitarea –multitasking– puede distraer y distrae. Tomar apuntes con ordenador no es necesariamente un progreso. La concentración se ve afectada. Lo cual no sucede tomando notas a mano. Ni internet nos puede someter a la urgencia de sus comunicados durante todo nuestro día. Hay que saber parar. El doctor Álvarez de Mon reflexiona sobre la paradoja actual -contradictoria tras todos los años de lucha contra el tabaco- sobre la permisividad actual con el cannabis y sus consecuencias. Otro de los temas que aborda es la soledad: Se puede. Por eso dedico un capítulo entero a las relaciones personales y familiares, haciendo una defensa —basada en evidencia científica— de la importancia de las relaciones familiares y sociales sólidas. El pesimismo es un mal que conduce a la tristeza y a sentirse solo. Es necesario pensar que el optimismo real produce beneficios sociales. Sean cuales sean los acontecimientos. Álvarez de Mon no añora el pasado ni demoniza el presente.

Desaprender, según su autor, es un libro de gran rigor científico elaborado para la divulgación. Al escribirlo el mismo autor confiesa que ha cambiado: He tomado conciencia de la importancia de reservar momentos para el pensamiento profundo y concentrarme durante periodos prolongados en una sola tarea, he vuelto con más frecuencia al bolígrafo y al papel, he repensado mi uso de las redes sociales —es una decisión personal, pero muchos notan una mejora de su bienestar cuando adoptan un uso más racional— y también he intentado ser más agradecido.
El propósito de esta entrada es proponerles que lean el libro. No quisiera hacer un resumen o una recensión que sustituya su lectura. Si el autor cambió al escribirlo, ustedes también cambiarán al leerlo. Les propongo un aperitivo con algunos de los capítulos. Tenemos los cerebros saturados: Este capítulo nace precisamente de ahí, de la constatación de que hoy en día muchas personas se sienten mentalmente saturadas, no porque vivan situaciones trágicas, sino porque no encuentran espacios de profundidad ni momentos de verdadera conexión con lo que hacen. En la actualidad todo tiene que ser inmediato: “ahora mismo”. Sigue diciendo: Esta facilidad tecnológica ha transformado nuestra relación con el tiempo y con el malestar. […] La OMS estima que más del 75 % de los suicidios registrados cada año ocurren en estas regiones [Se refiere a los páises más ricos], mientras que los países con menos recursos económicos muestran tasas significativamente más bajas. Gran paradoja que aparenta ser incomprensible y por tanto hay que leer el análisis del libro. Tenemos demasiada información. Nunca ha sido tan fácil acceder y difundir información, pero nunca ha resultado tan difícil distinguir el conocimiento fiable de la simple opinión. Las redes sociales han democratizado la expresión pública, permitiendo que cualquier persona se presente como experta, lo que dificulta identificar voces con verdadera autoridad. Además, mientras los sesgos de los medios tradicionales suelen ser visibles, los del entorno digital son más sutiles y, por ello, potencialmente más influyentes. En un contexto donde las apariencias pueden ser editadas y perfeccionadas, el principal desafío es desarrollar una mirada crítica capaz de discernir entre información, opinión y manipulación. Ante el panorama que se contempla puede pensar que es incapaz de realizar algunas cuestiones que son relatadas como épicas en las redes. Pero cuando descendemos a la realidad no se necesita tanta épica. Tener un bebé es tener un bebé, algo normal y maravilloso.

Los límites son necesarios: Pero una cosa es el autoritarismo y otra muy distinta es la autoridad bien ejercida. Sin la autoridad de los profesores, los alumnos se pierden; sin la autoridad de los padres, los hijos se debilitan; si no existiese la autoridad (legítima) de la ley, la convivencia se deterioraría. Necesitamos cariño pero también exigencia, seguimiento y control. Magnífico capítulo este. Los límites salvan vidas.
Y la soledad no deseada se ha convertido en una experiencia cada vez más frecuente y difícil de identificar, afectando incluso a personas aparentemente integradas y autónomas. Esta forma de desconexión cotidiana se ve favorecida por un modelo social que prioriza el individualismo, la autosuficiencia y la realización personal por encima de los vínculos comunitarios y familiares. Como consecuencia, vivir aislado o solo ha dejado de ser una situación excepcional para convertirse en una realidad cada vez más habitual, especialmente en las grandes ciudades, como refleja el notable aumento de los hogares unipersonales en España en las últimas décadas. ¡Todo un engaño!

Enlaza perfectamente con el siguiente capítulo: “El arte de no experimentarlo todo”. Pueden suponer el contenido pero no cómo resolver el deseo de acumular experiencias. Es necesario aceptar la renuncia a quererlo todo y elegir con sobriedad por pura salud mental. Continua el autor con el vertiginoso ritmo de la revolución tecnólógica con la IA. No podemos vender nuestra inteligencia dejando que una máquina piense por nosotros, de tal manera que la memoria, la atención y el razonimiento se atrofien. Hay que poner voluntariamente límites. No ejercitar el cerebro es un peligro en el que podemos estar cayendo sin darnos cuenta. Un profesor percibe este tema con claridad al contemplar a sus alumnos. Como consecuencia también se deteriora nuestro lenguaje emocional. Los emojis son uno de los causantes de esta perdida: Volver a mirar a los ojos, a escuchar sin distraernos, a recuperar la riqueza del lenguaje emocional que habíamos comenzado a conquistar hace apenas unas décadas. […] ¿Recuerdas la última vez que tomaste apuntes a mano en vez de teclear? La neurociencia es clara: escribir con bolígrafo y papel activa más áreas del cerebro que hacerlo en un teclado.
La cultura de la queja se desarrolla en el último capítulo. Enfocar todo de forma negativa genera la queja tóxica que perjudica tanto al autor de la queja como a todos los que le rodean: En mi opinión, los medios de comunicación tendrían que poner más el foco en lo constructivo y dar visibilidad a las soluciones. Muy interesante y esclarecedor resulta este capítulo con todos los datos que aporta el autor. Ser optimista no supone ignorar los desafíos y además es posible entrenarlo. Como dicen los investigadores de Harvard es una herramienta accesible y transformadora.

Les aconsejo leer el libro despacio y sacando conclusiones aplicadas a su propia personalidad para ponerlas en práctica. El cambio dependerá de nosotros mismos. Finalmente, el libro acaba con un epílogo que resume sus conclusiones más importantes: Veinticinco cosas que deberías desaprender. Por ejemplo la número 12: Desaprender a convertir la intimidad en contenido.

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