“Nosotros, el pueblo…”

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El título de esta entrada corresponde a una de las ideas fundamentales del Preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos (1787). El primer centenario de la Declaración de Independencia (1876) intentó ser una muestra de progreso de los avances tecnólogicos e industriales (el teléfono de A. G. Bell entre otros). Otro aspecto a destacar fueron los discursos patrióticos de unidad tras la guerra civil de Secesión. La presidencia estuvo a cargo del presidente Ulysses S. Grant. Fue una gran fiesta nacional llena de optimismo pero que no pudo ocultar los problemas económicos, raciales y territoriales entre muchos otros.

El segundo centenario, llamado Bicentenario, tuvo lugar en el contexto del final de la guerra de Vietnam y del escándalo Watergate. Semejantes circunstancias condujeron a una celebración que intentó una reconciliación nacional junto a la recuperación del espíritu patriótico herido. El escenario fue Nueva YorK. Gerald Ford pasó revista a la flota estadounidense.

Comida entre la reina Isabel II de Inglaterra y el Presidente Gerald Ford acompañados por sus cónyuges.

La celebración fue muy extensa (el American Freedom Train recorrió los 48 estados) e intensa como celebración cívica cotidiana en todos los aspectos. La participación popular ha sido recordada como una auténtica recuperación de la confianza de los estadounidenses en su propia nación tras la crisis de los sesenta.

Con motivo de los 250 años, el último 4 de julio de 2026, la organización ha intentado parecerse a la del Bicentenario en cuanto a desfiles patrióticos; recreaciones históricas; conciertos; lecturas públicas de la Declaración de Independencia; festivales familiares; espectáculos de drones y fuegos artificiales. Pero el clima reinante ha estado lastrado por la polarización política que incluso se ha manifiestado en algunas vivencias patrióticas controvertidas. La presidencia de Donald Trump, con su intenso protagonismo personal, ha trasladado la polémica hasta las propias celebraciones. Lo cual no impide que según el Instituto Cato el 86% de los estadounidenses se sienten agradecidos por serlo y un 79% orgullosos de su nacionalidad.

La Patrouille de France realiza un sobrevuelo durante el desfile de grandes veleros Sail4th 250 por el río Hudson, en Nueva York, EEUU, el sábado 4 de julio de 2026.

José Antonio Montero en Aceprensa opina que, tras un siglo de hegemonía estadounidense a lo largo del XX, para este 250 aniversario de su fundación hay que intentar comprender mejor su historia. Montero sugiere, en primer lugar la lectura del libro El Federalista (Alexander Hamilton, James Madison, John Jay a través de 87 ensayos) que explica el fracaso del primer sistema confederal tras la independencia. Se plantearon cuestiones universales sobre la capacidad de las sociedades para crear un buen gobierno mediante la razón y la deliberación, y siguen influyendo, todavía, en los debates constitucionales y políticos actuales del país.

El segundo libro es un clásico esencial: La democracia en América de Alexis de Tocqueville (1805-1859). Es fruto de su viaje a EE.UU. Sus conclusiones esenciales fueron: por un lado el respeto a la ley, los derechos individuales y la cultura. Por otro lado, unas mayorías populares que rechazaban las jerarquías y pretendían imponer su voluntad. Esta reflexión ha dado lugar a una de las grandes obras del pensamiento político occidental, cuya interpretación del populismo sigue siendo válida hoy, tanto para comprender el fenómeno contemporáneo como aquel que Tocqueville observó en la época del presidente Andrew Jackson.

Alexis de Tocqueville

El último libro recomendado es de Carlos Sanz Díaz, Breve historia de Estados Unidos (2022). El autor propone una visión histórica adaptada al lector europeo, subrayando que la experiencia estadounidense responde a categorías propias, distintas de las europeas en cuestiones como son la política, la religión, la cultura o la interpretación de la historia nacional. Como señala el propio Montero la izquierda y la derecha europeas no se corresponden con los partidos imperantes en norteamérica. El papel de la religión parte de un laicismo estatal que contrasta con las continuas referencias a Dios en los discursos y declaraciones de los políticos. Y por último, la Guerra de Secesión que fue, en realidad, una profunda y violenta Guerra Civil.

Por mi parte propongo, además, el libro La lectura de los libres. Una historia literaria de Estados Unidos de Mariano Fazio. Es necesario no confundir el contenido del libro con la aparente pluralidad semántica del título. El autor explica que su obra no pretende ser una historia de la literatura estadounidense, sino una aproximación a la historia de Estados Unidos a través de la literatura. Para ello, recorre las distintas etapas históricas del país mediante novelas y cuentos escritos en inglés (todos traducidos) que reflejan su evolución política y social, desde los años previos a la independencia hasta la actualidad. Ha excluido otros géneros literarios -poesía por ejemplo- para mantener un enfoque manejable. Cada capítulo comienza con una breve introducción histórica que contextualiza a cada autor y cada obra analizada. El recorrido se inicia con autores considerados como fundadores de la literatura estadounidense, Fenimore Cooper e Irving, y continúa con escritores como Hawthorne, Melville y Beecher Stowe para abordar los primeros años de la nación y el período previo a la Guerra de Secesión. El libro se divide en siete apartados desde los comienzos de la república hasta el año 2000. Muy interesante es el análisis histórico que realiza a partir de la obra de J. D. Salinger.

El autor señala que la narrativa estadounidense se caracteriza por su marcado espíritu crítico. A diferencia de otras tradiciones literarias, abundan las obras que muestran las contradicciones y fracasos del proyecto nacional más que aquellas que lo celebran. Esta actitud crítica tiene su origen en los elevados ideales proclamados en la Declaración de Independencia —igualdad, libertad y búsqueda de la felicidad—, cuya realización histórica nunca fue completa. Aunque Estados Unidos alcanzó un notable éxito como nación, muchos escritores han puesto de relieve las desigualdades e injusticias que impedían que esos principios se aplicaran plenamente a todos los ciudadanos. El tono crítico de sus escritores refleja, más bien, la dificultad de alcanzar plenamente los ideales de felicidad, libertad e igualdad proclamados en la Declaración de Independencia. Estos valores constituyen un horizonte permanente de aspiración y de mejora, y la literatura desempeña una función esencial al cuestionar continuamente hasta qué punto la sociedad se acerca a ese ideal de una comunidad de ciudadanos libres e iguales. El mensaje final del libro tras el recorrrido literario, histórico y geográfico es muy interesante. Las visiones apocalípticas del futuro del mundo no son solo patrimonio de mentes extraviadas. El amor es siempre más fuerte que la muerte. Donde haya un pequeño grupo de personas dignas de su humanidad, que sean “portadoras del fuego”, habrá siempre esperanza: «Personas» como Chingachgook y Uncas (Fenimore Cooper), Hester y Phoebe (Hawthorne), el capitán Starbuck y Billy Budd (Melville), el Tío Tom (Beecher Stowe), Alexandra, Ántonia, Jean-Marie Latour y Joseph Vaillant (Cather), Weedom Scott (London), la madre de la familia Joad (Steinbeck), Dilsey (Faulkner) abundan en los Estados Unidos y en el mundo.

No se lo pierdan. Es un auténtico disfrute literario e histórico.

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