“La poesía es un arma cargada de futuro…”

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Poetas cantados (1)

El Gobierno actual de España ha dedicado un conjunto de actos para conmemorar los cincuenta años de la muerte de Franco. Sin entrar en el fondo de la cuestión, no he encontrado casi ninguna referencia específica sobre aquellas canciones que se convirtieron en símbolos antifranquistas dentro de los 200 actos programados inicialmente. Por supuesto ha habido actos culturales y musicales pero con temas icónicos de la época y la canción Libertad sin ira del grupo Jarcha, interpretada por Jimena Amarillo. Por cierto, ni comparación posible con Jarcha.

Desde los años sesenta, la poesía española encontró una nueva forma de vida fuera de los libros: la música. En un contexto histórico marcado por la censura y la necesidad de expresión, numerosos cantantes comenzaron a poner voz y melodía a los versos de grandes poetas españoles desde el siglo XV, como Jorge Manrique.

Lo que surgió de ese encuentro no fue solo una adaptación artística, sino un fenómeno cultural que transformó la manera de leer -y de sentir- la poesía y la percepción de determinados poetas. Tal es el caso de Gabriel Celaya. Durante los años 1927 a 1935 vivió en la Residencia de Estudiantes conociendo a García Lorca y a Moreno Villa entre otros.

Mucho se va a hablar de la Residencia de Estudiantes en 2027

En la década de los 50 se inicia en la poesía social y comprometida esencialmente con el libro Cantos íberos (1955). Se propone que la poesía debe hablar de aquello que sucede todos los días, señalando los acuciantes problemas sociales que urgían soluciones inmediatas –en el poema debe haber barro– coincidiendo con los planteamientos sociales y poéticos de Blas de Otero durante aquellos años. En la historia de la poesía española del siglo XX llevada a la música, hay momentos en los cuales la palabra no solo se transforma en canción, sino también en símbolo. Uno de los casos más significativos es el poema La poesía es un arma cargada de futuro [Cantos íberos 1955] de Gabriel Celaya, convertido en canción por Paco Ibáñez y elevado en muy pocos años a la categoría de himno. El título de la poesía expresa con claridad el propósito de Celaya. Es necesario utilizar las palabras para luchar contra el contexto que reflejan estos versos: “Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos…” La poesía para Celaya ha de estar comprometida con el cambio social y político. Los versos no pueden ser una decoración estética: “Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales…” No es posible lavarse las manos ni desentenderse estéticamente de la realidad: “estamos tocando el fondo”, y es precisamente desde ese fondo desde donde surge una palabra que ya no puede ser neutral: es comprometida. Paco Ibáñez le puso música y la canto en público con una puesta en escena muy sencilla: su voz y su guitarra.

Cuando interpretaba La poesía es un arma cargada de futuro, el poema dejaba de ser únicamente literatura para convertirse en declaración compartida. El público no era pasivo: escuchaba, asentía, a veces coreaba. La emoción colectiva transformaba el recital en algo cercano a un acto político, aunque no lo fuera en sentido formal. Los recitales no eran simples conciertos. Eran actos donde la palabra circulaba con una intensidad particular. El público acudía no solo a escuchar música, sino a compartir un clima, una complicidad, una forma de entender el mundo en esos años. Uno de los elementos más significativos de estos recitales era la creación de un sentido de comunidad. En un contexto de represión, reunirse para escuchar ciertas canciones implicaba ya una forma de posicionamiento. No hacía falta explicitar el mensaje. Bastaba con compartirlo. La poesía cantada funcionaba como un lenguaje común, reconocible para quienes participaban de una misma sensibilidad. En ese sentido, el recital se convertía en un espacio donde lo individual y lo colectivo se encontraban: cada oyente vivía la experiencia de forma íntima, pero al mismo tiempo formaba parte de algo compartido por los asistentes. Al cantar Paco Ibáñez estos versos la emoción se volvía todavía más intensa y especial:  “Cuando se miran de frente/los vertiginosos ojos claros de la muerte,/se dicen las verdades:/las bárbaras, terribles, amorosas crueldades./ […] Poesía para el pobre, poesía necesaria/ como el pan de cada día,/ como el aire que exigimos trece veces por minuto,/ para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica”.

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La edición -ilustrada y numerada- publicada en Alicante de Cantos íberos (1955) fue de 250 ejemplares. Sin duda los versos de “La poesía es una arma cargada de futuro” habían conseguido cierto éxito que hubiera acabado reseñado en algunas líneas de los manuales históricos de literatura española del siglo XX.

Pero sin la voz de Paco Ibáñez no hubieran alcanzado nunca una difusión entre millares de estudiantes que cantaban en sus reuniones la canción: “Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos”. Es el poema y es la voz, inseparables ya. Paco Ibáñez nació en Valencia. Su familia tras la guerra civil tiene que exiliarse a Francia. Su padre fue arrestado tras la ocupación nazi y su madre -oriunda de San Sebastián- vuelve con sus hijos para trabajar en el caserío familiar. Cuando acabó la guerra mundial volvieron a París y Paco Ibáñez conoció a George Brassens, Jacques Brel y Atahualpa Yupanqui entre otros. También pasan por la casa de los Ibáñez otros exiliados españoles junto a visitantes antifranquistas que hacían un recorrido especial. En 1968 se instala en Barcelona y se hace amigo de José Agustín Goytisolo. La poesía Palabras para Julia de dicho autor se convertirá en una experiencia musical y estética inolvidable al ser cantada por Paco Ibáñez. En Paris, el “68” cumplía su primer aniversario y en la Sorbona Paco Ibáñez da un concierto que tiene un gran éxito entre los estudiantes franceses. En 1969 edita su tercer disco -ilustrado por Antonio Saura- en el que se reúnen poemas de Alberti, Cernuda, León Felipe, Machado y el ya mencionado José Agustín Goytisolo entre otros. Al final del 69 tiene lugar el famoso recital en el teatro Olimpia de París. Se edita un doble álbum -también ilustrado por Saura- que tiene un gran éxito. Como consecuencia en España se censuran y se prohíben sus recitales: vuelve a Paris. Las radios no pueden emitir sus canciones.

Siempre iba de negro

Pero volvamos a la poesía de Celaya: “Maldigo la poesía del que no toma partido hasta mancharse”. Gabriel Celaya se presentó en las listas del Partido Comunista a las elecciones generales de 1977.

Sin pretender una completa exactitud, en 1971 publica Campos semánticos -quince libros de poesía le siguen- que se sitúa lejos de la poesía social y comprometida. Su obra se completa con una docena de ensayos y algún escarceo teatral. ¿Y Paco Ibáñez? Interpreta sus canciones en la campaña electoral del PSOE en 1982 como cierre.

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