Acabo de terminar la novela El club de las mujeres valientes. La acción se desarrolla en torno a una biblioteca –fantástica biblioteca por la descripción– en la isla de Jersey, una de las llamadas Islas del Canal -anglonormandas-. Dependen de la Corona británica pero no forman parte del Reino Unido. La historia tiene lugar durante la ocupación alemana en la segunda guerra mundial (1940- 1945). La bibliotecaria -una de las mujeres valientes- consigue que los habitantes de Jersey lean libros como espacio de libertad y de esperanza. Pero también funda con enorme éxito -y el consiguiente resquemor nazi- el Club de lectura para tiempos de guerra en el cual la bibliotecaria va leyendo libros una vez a la semana: el primero es Rebeca de Daphne de Maurier. Por tanto, se leen libros y se escuchan libros.

El último “Informe sobre hábitos de lectura y compra de libros de 2025”, publicado por el Ministerio de Cultura y la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), siempre genera polémicas sobre la veracidad de los resultados. El encuestado –y también el entrevistado si es famoso– suele intentar quedar bien como dice Adolfo Torrecilla en Aceprensa.

Siguiendo los comentarios de Adolfo, destaca, tras la lectura del Barómetro, cuatro conclusiones. En primer lugar, los que leen lo hacen en un 80% como entretenimiento. Lo cual marca el género y los subgéneros: novelas policiacas y novelas históricas. Lógicamente no todas las novelas de estos géneros tienen calidad. Tratan de mantener la atención para que el lector no abandone la lectura. Buenas novelas aunque no muchas pero introducidas en el sistema editorial con absoluta naturalidad. En el caso policiaco, Torrecilla distingue varios tipos: Novela negra moderna, Novela policial (protagonistas policías y detectives con más o menos problemas que tienen como marco diversos departamentos de investigación como en la series de plataformas al uso), Novela negra nórdica (violencia deshumanizada), Domestic Noir (ambiente familiar y doméstico Freidda Macfadden y sus asistentas consiguen un éxito pleno), Cozy Mystery, muy al estilo de Agatha Christie estas novelas se desarrollan en pueblos tranquilos y sin violencia desatada. Intriga, investigación, mujeres intuitivas que avanzan hacia la resolución de los enigmas. Por último Torrecilla recoge el subgénero True Crime que goza de muchos lectores como en las series del mismo nombre o bien de casos reales que han quedado sin resolver.

En segundo lugar, se encuentra el hecho de que las mujeres leen mucho más que los hombres. Lo cual supone que las editoriales tomen decisiones para mantener el nivel de ventas. Como dice Torrecilla: Dentro de la literatura romántica, el subgénero que más ha crecido es la Romantasy, en el que a los ingredientes propios de la Young Adult o de la New Adult (es decir, con diferentes coloraciones eróticas) se añaden otros, propios de los mundos mágicos o fantásticos donde se desarrollan sus tramas. Muy parecido, pero ambientado en un mundo a priori realista, es el Paranormal Romance: la presencia de criaturas sobrenaturales y circunstancias fantásticas dentro de una ambientación contemporánea se asumen con total naturalidad. Este subgénero comenzó a despuntar especialmente a partir del éxito de la saga Crepúsculo, de Stephenie Meyer.
En tercer lugar, destaca que el porcentaje más alto de lectores/as se da entre los 14 y lo 24 años (esencialmente lectoras) que supone otro giro de las editoriales para adaptar el concepto tradicional de novela juvenil. Por último, comenta que el libro digital aumenta un 32%, aunque Torrecilla señala las facilidades ofrecidas por numerosas aplicaciones para piratear libros. Añade además que las editoriales no consideran prioritario el libro digital ni tampoco los audiolibros. Siento contradecir a mi querido amigo Adolfo. No es así. El libro digital ha aumentado en un 32% que es un aumento muy importante respecto al año anterior. Javier Lacort comenta -2024- que intentó abandonar los libros en papel -han pasado ya diez años- para no cargar con ellos en viajes ni tener la luz encendida cuando su esposa quería dormir. Acabó leyendo en un dispositivo exclusivamente pensado para leer con la tinta electrónica adecuada para hacerlo: portabilidad, autonomía, en fin una biblioteca en un bolsillo. José García en 2020 comenta sobre el tema: Suelo leer casi todas las noches y me di cuenta de que, al rato, se me cansaban los brazos de sujetar el libro, sobre todo cuando eran títulos más largos de la cuenta. En los últimos meses me ha dado por los ensayos sobre física y filosofía y, en fin, los libros son bastante generosos. Si leía bocarriba se me cansaban los brazos; si leía de lado no podía girar bien las páginas, así que al final acababa cansado de buscar la posición idónea para leer tumbado en la cama. […] A eso hay que sumarle que, con el paso del tiempo, la estantería fue llenándose más y más. Llegó un punto en el que no me quedó espacio para seguir guardando libros. Y veréis, no soy una persona que los venda o los regale. Me gusta tenerlos siempre a mano porque, por H o por B, siempre acabo volviendo a ellos para refrescar algún concepto, encontrar ideas para artículos o, simplemente, volver a leerlos.

Por supuesto creo en la convivencia lectoral entre los formatos físico y digital. Parecía que la radio iba a desaparecer con la televisión. Pero no fue así. En fin hay que reflejar una estadística -la del barómetro de hábitos de lectura2025- pero no hacer vaticinios con sus resultados.

A continuación vamos con el audiolibro. Suele considerarse que escuchar una novela o un ensayo a través de plataformas para escuchar audiolibros –por cierto la piratería está muy controlada en este caso– es una experiencia inferior a la lectura. No son experiencias idénticas pero por propia experiencia el cerebro procesa la información de forma bastante similar. Si el narrador/a del libro es una persona con experiencia se consigue una inmersión emotiva en la narración o intelectual en el ensayo. Tanto es así que escuchando Los hermanos Karamazov -por cuarta vez, pero nunca lo había escuchado- mientras estaba en una aparato de un Gym me quedé absolutamente concentrado en la narración hasta que alguien se acercó a mí y me pregunto si me pasaba algo. Las personas con discapacidad visual han leído y estudiado con libros narrados además del Braille como sistema de lectura. Parece que también es bueno para los disléxicos.

Sinceramente los audiolibros no son rivales de los libros leídos mediante otras formas de lectura. Son un complemento, cada vez mejor realizado, según la calidad profesional de los narradores/as. En definitiva ayer escuchaba en emisora de radio que sus informativos de la mañana habían superado los 3 200 000 oyentes, el telediario con más audiencia lo ven 1 800 000 y el periódico en papel más vendido publica unos 60 000 ejemplares. En audiencia digital –no es el mismo que el anterior periódico y depende de los sistemas de medición- casi 20 000 000 millones de visitas. Conviene añadir que digitalmente se consultan varios periódicos en cada sesión digital o en varias sesiones. Con este asunto he intentado tan solo poner un ejemplo, sin embargo profundizar en el tema nos llevaría por otros derroteros de vaticinio posible. Finalmente no hay duda: conviene leer en el formato que sea y de todos los géneros posibles no solo novelas. Que disfruten.
·
En enero de este año se ha presentado el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2025.
y

Deja una respuesta