La idea anterior pertenece al escritor británico Julian Barnes en su libro Mis cambios de opinión -recopilación de intervenciones radiofónicas-: El autor propone con ironía una República Benévola de Barnes, que establecería la propiedad pública de cualquier tipo de transporte colectivo y de cualquier tipo de suministro de energía, una reforma integral de la Cámara de los Lores, «que extrañamente se ha convertido en el segundo mayor cuerpo legislativo del mundo, solo por detrás del Congreso Nacional del Partido Comunista de China» […] Otros planes para la república son solicitar el reingreso en la Unión Europea, autorizar que Escocia –si quiere– celebre otro referéndum sobre su independencia y promover la unificación de la isla de Irlanda. Es una larga enumeración que tiene evidentes puntos de humor.

Su último libro se ha publicado en 2026: Despedidas. En este ensayo expresa la idea de decir adiós a su prolífica trayectoria como escritor. Este mismo mes de junio se le ha concedido el Premio Princesa de Asturias: El jurado ha calificado a Barnes de un «extraordinario narrador y ensayista» que además ofrece «una visión lúcida, cálida y compasiva del género humano». Además, ha recordado que, según las propias palabras del escritor, el británico muestra «un optimismo melancólico y un pesimismo alegre» en sus obras. Presidido por el director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, el jurado ha destacado que el autor británico «emplea la memoria como configuradora de identidad sin renunciar a la imaginación, con el amor como principio esencial».

Barnes estudió Lenguas Modernas en Londres y Oxford. Antes de pensar en ser escritor trabajó como lexicógrafo (Oxford English Dictionary) crítico literario y de televisión (New Statesman, revista cultural y política semanal) y The Observer (periódico semanal fundado en 1791). Su obra literaria ha merecido numerosos y grandes premios entre los que cabe destacar el Booker Prize que es uno de los galardones más prestigiosos en lengua inglesa desde 1969. Es finalista tres veces sin ganarlo. Lo consigue a la cuarta.

Su extensa obra se refleja en novelas, relatos breves, ensayos y otras obras al margen de la ficción. En sus últimas obras Mis cambios de opinión (2025) y Despedidas (2026) comparte sus experiencias sobre sucesos personales especialmente duros como la muerte de su mujer. Pero la pena confesada viene acompañada por reflexiones sobre el arte y la literatura. Una de sus obras más famosas y más leidas es El loro de Flaubert (1984). Esta novela es todo un apasionante disfrute literario al tiempo que un desafío para el lector: ¿Cuál es el auténtico loro? En ella se combinan el relato, la biografía y la disertación ensayística. También encontramos cierta experimentación que ha hecho que su obra en conjunto sea calificada, por muchos críticos, como posmoderna. Narra la historia de un erudito que sabe casi todo sobre Flaubert pero se obsesiona con encontrar un loro disecado que aparece en el cuento Un corazón sencillo (1877). En este relato se narra la historia de una sirvienta llamada Félicité que, a pesar de todas sus tremendas desgracias y dolores, sigue manteniendo su bondad y su fe hasta el final de su vida. El loro Loulou fue una compañía que mitigó la soledad y el sufrimiento de la sirvienta.

Una de sus novelas más leídas es El ruido del tiempo (2019). En ella cuenta la historia del compositor ruso Dmitri Shostakóvich (1906-1975). Es una novela apasionante que cuenta como Stalin asiste a una de sus óperas. Al día siguiente el periódico Pravda publica un ditorial de inspiración staliniana. La califica de una obra musical formalista (no propia del realismo soviético oficial) que supone el comienzo de una campaña contra su música. De ahí a la posible detención había un paso rápido. ¿Qué puede hacer Dmitri?: Internamente no comulgaba con las ideas comunistas; externamente se convirtió en un músico fiel al régimen, que fue nombrado incluso en 1960 presidente de la Unión de Compositores de la Federación Rusa. Una historia que refleja toda la tensión entre arte, miedo y supervivencia.

La memoria es una búsqueda de la identidad que bucea en el tiempo, el amor y la muerte. Una de las cuestiones es pensar en que sus novelas puedan parecer tristes. No lo son: Sus novelas están traspasadas de un fino humor y a veces de una atrayente búsqueda existencial, que no tiene en ningún momento tintes atormentados. A la hora de definir algunos rasgos de su literatura, Barnes destaca su “optimismo melancólico y un pesimismo alegre”. […] “En una sociedad opresiva, la naturaleza de decir la verdad en la literatura es de un orden distinto y, a veces, se valora más que otros elementos en una obra de arte.” “Soy un novelista, así que no puedo escribir sobre ideas a menos que estén conectadas con la gente.”


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