“Los cafés de Madrid eran una universidad pobre y sentimental”

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Umbral se está refiriendo al Café Gijón y al Café Comercial como puede imaginarse. Por el Comercial, desde el siglo XIX, han pasado figuras como Antonio Machado, Manuel Machado, Enrique Jardiel Poncela, Antonio Mingote y Luis García Berlanga, entre muchos otros. El Gijón también ha sido un lugar emblemático de tertulias literarias, frecuentado por intelectuales, artistas y escritores de diferentes generaciones del siglo XX, como Baroja, Unamuno, Galdós, Cela, Fernán Gómez, Mingote, Arturo Pérez-Reverte, son algunos de la gran pléyade de nombres. En cierto modo, para Francisco Umbral en estos cafés se estaba como en la redacción de un periódico: lugares donde además de conversar, se aprendía y se formaba una mirada para entender el mundo. Cuando Umbral dice que eran una “universidad pobre”, se refiere a que allí bastaban un café, algún bollo o una tostada para pasar horas leyendo, discutiendo y aprendiendo. Y los llama “sentimentales” porque en esos espacios todavía parece sentirse la presencia de personajes, ya fallecidos, que tuvieron allí su esplendor; su recuerdo deja una cierta melancolía literaria y madrileña.

Cuando escribo esta entrada, Madrid acaba de celebrar su fiesta del 15 de mayo: San Isidro. Las calles se han inundado de claveles en el pelo tanto de chulapas como por parte de chicas vestidas con la normalidad de la estación. Los colores y el número de los claveles tienen un código de tradición oral poco conocido:

Gran parte de las que he visto llevaban solo uno: lo suficiente para unirse a la fiesta de Madrid capital.

Volviendo al tema de esta entrada, el columnismo es un género periódistico realizado por un autor al que el lector de periódicos en todos sus formatos o el oyente de radio conoce y reconoce su voz escrita o hablada. Una voz que se expresa entre la subjetividad y la opinión. Como dice mi compañero de batallas docentes e investigadoras Miguel García Posada (Sevilla, 1944-2012), “columna” es una palabra de origen metafórico que remite a un espacio determinado del periódico y procede del periodismo norteamericano. En España, antes de imponerse este término, la columna recibió otros nombres, como crónica o artículo. En cualquier caso, conviene dejar claro que no toda columna, ni toda crónica o artículo, puede considerarse literatura.

Jorge Bustos acaba de publicar un artículo sobre el columnismo y la libertad El derecho a ser escuchado. Bustos reclama su actualidad aunque el periódico tradicional en papel haya perdido terreno frente a la lectura de periódicos digitales o las consabidas redes sociales. El columnista -según Bustos- va desde el yo al nosotros. De la anécdota más o menos superficial a la reflexión que manifiesta su experiencia. El buen columnista tiene que intentar unir precisión inteligente, con su propia mirada y con la belleza literaria de la expresión. Fuera deben quedar: el columnista cursi, el clown, el provocador profesional, el papanatas cosmopolita, y el columnista sectario. En definitiva, Bustos considera que los muros de Facebook y los perfiles Twiter ( X ) están soportados por “columnas”: De modo que menos funerales: la pasión lectora goza de una salud que ya quisiéramos a veces menos vigorosa. Mayor robustez le desearíamos a la comprensión lectora: la aptitud para leer la ironía, por ejemplo, en un mundo que alumbra una camada diaria de tontos literales.

Me parece interesante traer junto a estas consideraciones algunas de las ideas de Francisco Umbral sobre la columna y el artículo que coinciden con González Ruano al que incluyó dentro del sintagma “la escritura perpetua”: No sólo su visión del mundo es literaria; es que el mundo es un texto, y el escritor no se limita a afirmar su yo en la escritura, sino que escribe su vida, pues vive para escribir, para publicar diariamente. Ruano estuvo toda su vida escribiéndose. A continuación reproducimos el resumen que realizó García Posada sobre las tesis de Umbral en torno a la columna y el artículo:

1º. “El artículo es el soneto del periodismo”.
2°. La información no puede primar; “hay que descender de la
categoría al mercado de la anécdota”.
3º. • El artículo no puede ser ni un ensayo ni tener”una sola idea”.
Por eso habla con despecho del “ensayo enano”, de la “filosofía
jibarizada”.
4°. “Es un solo de violín de la literatura entre la multitud tipográfica
del periódico”: el artículo es, pues, literatura, no información.
5°. Sus maestros son Larra, D’Ors y Ruano. A dos de ellos les ha
dedicado sendos libros.
6º. “El artículo/columna tiene que ser un rostro de la actualidad,
algo que se enciende como una noticia, se remonta como un
ensayo y se resuelve en una metáfora o un endecasílabo conceptual”,
una suerte de epifonema.
7°. El artículo posee estructura: “tiene que haber una idea central
o argumento secreto, o anillo finísimo de oro/plata/cobre, que
presida o articule toda la aparente dispersión snob de lo que
se cuenta o reflexiona.”
8°. “El articulista nato es manierista”, es decir, se fija en un detalle,
en una anécdota, no ataca directamente a los grandes temas o hechos.

José María Pemán con Francisco Umbral junto con Blanca Berasátegui.

Para completar la opinión de Jorge Bustos traigo a colación las reflexiones anticipadoras del tema -ya desde 2008- por parte de Cristina Abad Cadenas. En su artículo Ante la crisis de la prensa: mediamorfosis, la autora ofrece la siguiente solución tanto para la información digital como para la que se produce en otros formatos:

  • menos acumulación de noticias y más profundidad;
  • una identidad editorial más definida;
  • capacidad para interpretar y “sacar punta” a la actualidad;
  • un diseño sobrio, eficiente y funcional;
  • y, sobre todo, más historias y más personas.

O dicho de otra forma: El columnismo en 2026 exige una profunda reflexión. La opinión en la prensa ha superado la mera verificación de hechos para priorizar el análisis, la conexión emocional y el cultivo de géneros que fomentan el pensamiento crítico frente a la creciente influencia de la inteligencia artificial en las redacciones. La columna reivindica la opinión, lo humano frente a lo tecnológico. Siempre sin caer en la tentanción invalidadora y suplantadora de una IA mal utilizada. Es más, se puede intuir que las audiencias en los diversos medios de difusión se fidelizan e incluso aumentan gracias al uso del columnismo.

En una entrada posterior analizaremos con más detalle algunos ejemplos de todo lo dicho anteriormente. Mientras tanto, -“mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto” es un retazo de uno de los versículos surrealistas de Lorca en Grito hacia Roma de Poeta en Nueva York– merece la pena leer y disfrutar del artículo de Jorge Bustos.

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