John F. Kennedy, en 1963, asoció este aforismo con expresar que la desigualdad junto al desarrollo económico acaban generando más crecimiento y una mejor distribución de la riqueza.

Esta cuestión aparece en las conclusiones del libro Más ricos y más iguales, considerado por Foreign Affairs como uno de los mejores libros de 2025. En Más ricos y más iguales, el economista sueco Daniel Waldenström cuestiona la idea de que el crecimiento económico aumente inevitablemente la desigualdad. Frente a las tesis de Thomas Piketty sostiene que el mundo es hoy más rico y que la riqueza está más repartida gracias al desarrollo económico, la expansión del empleo, la educación y el crecimiento de la clase media, que ha permitido a muchas familias acumular patrimonio. Aunque reconoce que persisten desigualdades, defiende que crecimiento económico e igualdad pueden avanzar de forma conjunta. El libro también aborda cuestiones como la vivienda, la movilidad social y las oportunidades para las nuevas generaciones, y ofrece una reflexión útil tanto para responsables públicos como para cualquier ciudadano interesado en comprender las políticas económicas y gestionar mejor su patrimonio.

Unos planteamientos semejantes, analizando el capitalismo en contextos que rozan conceptos morales y religiosos (“Que el mercado sea muy eficaz en la producción de mercancías no implica que todo deba convertirse en mercancía”) lo expresa, a través de diez puntos sintéticos, el catedrático de Filosofía del Derecho de Sevilla Francisco José Contreras Peláez. Por ejemplo, el mercado no es la jungla, sino un juego sometido a reglas estrictas; el libre mercado se ha visto debilitado por el deterioro del entorno moral, reflejado en la crisis de la familia y en la defensa de un Estado del bienestar que considera financieramente insostenible, debido a la elevada presión fiscal y al creciente coste de las pensiones. Y así hasta completar los diez puntos.

Pero no conviene desviarse -aunque coincidan en gran parte de los análisis- de nuestro libro Más ricos y más iguales. A continuación, vamos a repasar algunas de las principales conclusiones/lecciones . Descartar la falacia del juego de suma cero, o sea que toda ganancia económica de unos implica necesariamente una pérdida equivalente para otros. Waldenström sostiene que la prosperidad de los más ricos no tiene por qué producirse a costa del resto de la sociedad. Aunque una cierta concentración del capital puede facilitar la inversión y el crecimiento económico, la evidencia histórica muestra que, durante los últimos 130 años, la riqueza ha aumentado de forma generalizada y, en muchos periodos, los grupos con menos patrimonio han acumulado riqueza a un ritmo incluso mayor que las élites, especialmente en Europa. En segundo lugar, hay que apoyar la propiedad individual de la vivienda. La experiencia de Estados Unidos muestra que las políticas de vivienda pueden tener efectos muy distintos según su diseño: mientras las ayudas de la posguerra facilitaron el acceso a la propiedad con éxito, los préstamos hipotecarios de alto riesgo de los años 2000 contribuyeron a la crisis financiera de 2008. Hay que defender también la capitalización del ahorro en pensiones y revisar la fiscalidad de la rentas: Un aumento del salario neto que perciben los hogares después de impuestos redistribuirá más rápidamente la riqueza y contribuirá a elevar el patrimonio medio de las masas. Una medida que debe completarse con gravar las rentas del capital no las del patrimonio, junto a considerar la acumulación de activos personales en los hogares como una riqueza social.

En definitiva, el propósito de este libro lo deja claro en el prefacio. Waldenström sostiene que la reducción de la desigualdad patrimonial no se explica principalmente por las guerras o los impuestos progresivos, sino por la extensión de la propiedad de activos, especialmente de la vivienda y del ahorro para la jubilación. Defiende que las políticas económicas deben favorecer la creación y difusión de riqueza, ya que esta resulta esencial para impulsar la inversión, afrontar las crisis y sostener las iniciativas públicas frente a los desafíos del futuro.

Este libro resulta imprescindible para que los políticos en ejercicio reflexionen y también es una lectura para cualquier ciudadano que tenga que ponderar su voto o, también, ayudarle a gestionar su propia economía.

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