Estas palabras han sido expresadas por la profesora Anne Gregory en una entrevista realizada por Álvaro Sánchez León sobre los problemas actuales de la comunicación social. En un mundo atravesado por la desinformación, los algoritmos y la polarización, la comunicación se ha convertido en mucho más que una herramienta para transmitir información: hoy define la calidad de nuestra convivencia. Así lo sostiene -en dicha entrevista- Anne Gregory, profesora emérita de Comunicación Corporativa en la Universidad de Huddersfield y una de las voces más influyentes en ética comunicativa.

Para Gregory, la comunicación saludable del siglo XXI debe apoyarse en la honestidad, la empatía, el respeto y la búsqueda del bien común. Frente a una cultura digital que premia la confrontación y la notoriedad, reivindica el diálogo, la escucha y la capacidad de construir confianza mediante hechos, no solo palabras: Aquella en la que hay respeto mutuo entre los implicados, deseo de encontrar puntos de conexión y voluntad de trabajar por el bien común en lugar de anteponer intereses partidistas. […] La colaboración, la integridad, la empatía y el respeto hacia los demás generan confianza. Actuar de acuerdo con lo decidido conjuntamente demuestra que somos dignos de ella.

La experta alerta de que vivimos una nueva era de propaganda, amplificada por plataformas tecnológicas poco reguladas y por algoritmos que refuerzan cámaras de eco y extremismos. La inteligencia artificial generativa agrava aún más el problema al dificultar la distinción entre verdad y falsificación. En este contexto, considera especialmente preocupante la pérdida de autoridad de las fuentes fiables junto a la crisis profunda que atraviesa el periodismo, cuyo modelo económico y función de contrapoder están siendo erosionados. Tal y como señala con exactitud la profesora: No hemos regulado la tecnología, la alfabetización mediática no ha sido una prioridad y ha cambiado nuestro umbral de tolerancia ante la falsedad. Las personas saben que se les miente o que ciertos contenidos son falsos, pero la indignación moral es escasa. La popularidad o la notoriedad parecen importar más que la integridad y la verdad.

Sin embargo, Gregory rechaza el fatalismo. Cree que existe un cansancio creciente ante la polarización y un deseo social de recuperar espacios de comunidad, cooperación y conversación honesta. Señala ejemplos de organizaciones, empresas y gobiernos que intentan reconstruir confianza mediante una comunicación abierta, ética y centrada en las personas. Aunque la construcción de muros parece crecer, el fenómenos se produce al tiempo que se toma una necesaria conciencia de parar la autodestrucción: La mayoría de las personas quiere cooperar y colaborar. Es lo que nos hace felices. No es casualidad que la soledad se haya convertido en una pandemia ni que sólo pueda combatirse redescubriendo un verdadero sentido de comunidad y de conexión. Tampoco es casualidad que muchas personas se estén alejando de las redes sociales, cansadas de la polarización y la negatividad que encuentran allí. Y tampoco lo es que estén creciendo los grupos comunitarios y resurjan organizaciones, como las iglesias locales, donde prospera el sentido de pertenencia.

La entrevista pone el foco también en el papel estratégico de los comunicadores. Más allá de gestionar mensajes, Gregory defiende que deben actuar como guardianes de los valores y de la ética dentro de las organizaciones. Advierte de los peligros de priorizar el impacto inmediato, las métricas o la complacencia con el poder, y reivindica la necesidad de formar profesionales con criterio moral, pensamiento crítico y capacidad de asesorar con independencia. Pero advierte que es muy difícil detectar la falsificación y la propaganda con la fuerza que está desarrollando la IA generativa: Las fronteras entre la realidad y la ficción se difuminan, y muchas personas ya no saben a quién acudir como fuente de verdad ni cómo orientarse en este tsunami de información. A eso se añade la desaparición –o la amenaza que pesa sobre ellas– de fuentes tradicionales y fiables de información, así como la desconfianza hacia fuentes de verdad que antes desempeñaban ese papel, como las instituciones públicas.

En tiempos dominados por el ruido, Gregory propone una idea sencilla pero exigente: comunicar menos para pensar más. Porque, según sostiene, la buena comunicación no consiste en gritar más fuerte, sino en crear significado compartido, movilizar desde la confianza y ayudar a sostener una sociedad más humana. El periodismo no logra ejercer su función de contrapoder. Los medios para los que trabajan han perdido el sentido de lo significa ser independientes a la par que críticos: Los medios que abandonan la misión del periodismo contribuyen al ruido, pero sin sustancia. Decepcionan a sus lectores, que necesitan estar bien informados para tomar buenas decisiones sobre asuntos importantes. Permiten que los poderosos dominen el espacio mediático y dejan de contribuir a una sociedad plenamente funcional, en la que la pluralidad de opiniones favorece debates más sanos y mejores decisiones. […] Aristóteles decía que al practicar las virtudes nos volvemos virtuosos, y tenía razón. La ética acaba convirtiéndose en una manera de hacer las cosas, en una mentalidad, y no en algo que haya que examinar por separado cada vez que se toma una decisión.

En definitiva, es necesario decir la verdad de lo que se dice y de lo que no se dice olvidadando las cuestiones tácticas. Se necesita connectar con los valores y las preocupaciones de los que reciben información. A los 20 000 estudiantes de comunicación que hay actualmente en España les aconseja: Cuando consigáis vuestro primer trabajo, no os centréis sólo en el uso de herramientas y canales. Seguid aprendiendo qué significa ser un asesor de confianza. Nuestro trabajo no consiste sólo en comunicar; también tiene que ver con el gobierno de las organizaciones. Cuanto antes aprendáis a moveros con soltura en ese espacio, más valiosos seréis. Las organizaciones buscan desesperadamente personas capaces de desempeñar ese papel de asesores de confianza. La inteligencia artificial hará en el futuro gran parte del trabajo técnico de la comunicación.

No se pierdan la entrevista. Ofrece herramientas y diagnósticos para no dejarse engañar.

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