Ignacio Ruiz-Quintano (Burgos, 1958) es uno de los mejores periodistas literarios que pueden encontrarse en 2025. Ha realizado todos los posibles oficios en un periódico con una superioridad manifiesta: desde redactor, cronista parlamentario, crítico cultural y deportivo. En el periódico ABC es columnista desde 1996. Antes ya lo había sido entre 1979 y 1989. Como dice José Rivela Rivela: Su prosa es de otro siglo y de este tiempo a la vez. Parece escrita con pluma de oca y mirada de dron. Uno lo imagina, en la madrugada de la redacción, doblado sobre el teclado como un monje que confiesa al idioma. Porque Ruiz-Quintano no escribe columnas: levanta pequeñas catedrales verbales donde se refugia el humor inteligente, ese que ya casi no se usa porque no da votos ni “clics”. Para entender el punto clave de su prosa que es la belleza literaria de la ironía, hay que leer a Quintano despacio. “Su crítica nunca es un grito: es una media sonrisa que desarma más que mil editoriales” como señala Rivela. Antes de que lean el artículo escogido observen esta sutil y penetrante frase: La cama de Xabi sería, pues, como la cama de Procusto, el hijo de Poseidón (algo de Poseidón tenía Perico Alonso, papá de Xabi, que corría en el Barcelona para Maradona con los pulgares levantados).

O este comentario: –Parece que no queremos ganar hoy –dicen que dijo Vinicius en Vallecas al ver los cambios de Alonso, frase que podríamos poner en boca de Yogi Berra [1925-2015], el beisbolista de ocurrencias tan geniales como «Hay que ir con mucho cuidado, si uno no sabe a dónde va, porque podría no llegar» ó «Corta la pizza en cuatro pedazos, no tengo tanta hambre como para comerme seis».

El final del artículo es clave para entender lo que en realidad quiere decir de Xabi Alonso. Nos regala un poco de Ortega dando consejos a Octavio Paz para su estancia en Alemania. Lo cuenta el mismo Paz: –Me tomó por el brazo y, con una mirada intensa que todavía me conmueve, me dijo: «Aprenda el alemán y póngase a pensar. Olvide lo demás».

Este es el formidable monumento al periodismo literario realizado por Ignacio Ruiz-Quintano:
La cama de Xabi (15/11/2025)
Los piperos querían otro Guardiola, se lo traen y ahora que lo tienen no les vale porque los jugadores, dicen, le hacen la cama. Y con petaca. ¿Por qué? Porque no les gusta su sistema, que no es un sistema para que los jugadores disfruten del sistema, sino un sistema para que el sistema disfrute de los jugadores, y por eso en Anfield y en Vallecas, y antes en el campo del Apollo, los jugadores andaban por el campo flipando con el sistema de Xabi como los salvajes del chiste flipaban con el tricornio que se encontraron tirado.

La cama de Xabi sería, pues, como la cama de Procusto, el hijo de Poseidón (algo de Poseidón tenía Perico Alonso, papá de Xabi, que corría en el Barcelona para Maradona con los pulgares levantados). Procusto regentaba una posada en Ática, la Valdebebas de los griegos, adonde llegaban los viajeros para descansar. Una vez acostados, Procusto los amarraba a la cama, que era su sistema, y procedía a aserrarles las piernas, si la cama les venía pequeña, y si les venía grande, se las estiraba hasta hacerlos encajar, que ésa es la sensación que dan las estrellas del Madrid en el tiquitaca alonsino, cuya trigonometría tampoco son las Variaciones Goldberg del fútbol. Que no, que no y que no.
La cosa no funciona, así que la culpa es de los futbolistas, que le hacen la cama. ¿Cuántos? Todos, menos Carvajal. O sea, que coges un equipo de chavales, pero campeón de Europa, y el único que te vale es Carvajal. ¿Con quién jugamos, entonces? «¡Con los del Castilla!», responden, bizarros, los piperos, que aprovechan los parones de selecciones para machacarse con una piedra las pelotas y poder decir que únicamente gozan cuando fallan. Habríamos vuelto, pues, a Benito Floro, con el que transigió Mendoza en la creencia de que acallaría la ladradera mediática. «Éste me pide un autógrafo», decía Mendoza que pensó al ver a Floro por la mirilla de la puerta cuando llegó a su casa para cerrar el trato. Sólo traía un queso mecánico bajo el brazo. Luego vendrían el psicólogo y el limón con que el psicólogo ponía a cogitar a Butragueño en los saques de banda.
–Parece que no queremos ganar hoy –dicen que dijo Vinicius en Vallecas al ver los cambios de Alonso, frase que podríamos poner en boca de Yogi Berra, el beisbolista de ocurrencias tan geniales como «Hay que ir con mucho cuidado, si uno no sabe a dónde va, porque podría no llegar» ó «Corta la pizza en cuatro pedazos, no tengo tanta hambre como para comerme seis».
¡Cómo cambiarían las ruedas de prensa de Xabi Alonso, si él descendiera a ajardielarse (de Jardiel) un poco para quitarle seriedad al muermo futbolero! Es cierto que nos prometió rocanrol y que lo único que hemos visto es un tributo a la Orquesta Mondragón, pero con Parrilla en el lugar de Stinus. Un David Vidal saldría de esta situación con un antruejo que ayudara al aficionado a entender por qué a un entrenador de fútbol no le gustan los regateadores. Ni Pelé ni Maradona ni Messi ni Vinicius. Sólo Zubimendi. Zubimendi como palanca de Arquímedes. Dame un Zubimendi y levantaré el mundo.

Creo que a Alonso todavía le dura el mareo de Alemania, el país que cultiva la figura del pensador, para el que pensar (esto lo decía Ortega, que anduvo por Alemania como Xabi) es una erección: el pensador que siempre va adelante avizorando el panorama del futuro y al que sus contemporáneos, como no miran lo que él mira, lo interpretan mal.
–Me tomó por el brazo y, con una mirada intensa que todavía me conmueve, me dijo: «Aprenda el alemán y póngase a pensar. Olvide lo demás».
Así habló Ortega a Octavio Paz, que había ido a visitarlo al Hôtel du Rhône en Ginebra.
Al pobre Trent Alexander-Arnold, estrella mundial como carrilero del Liverpool, que ha aprendido español para poder hablar y no aburrirse en el banquillo del Madrid los días de partido, hay que decirle ahora que el idioma para jugar era el alemán, y que perdió el tiempo, pues debió ser tan listo como Bale. ¿Cómo se explica en alemán que eres profesional del fútbol y no te gustan ni Trent ni Vinicius ni Endrick?

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