Michael McFaul, en su ultimo libro Autocrats vs. Democrats, analiza dos bloques geopolíticos. Los autoritarios son China, Rusia, Irán, Corea del Norte, Venezuela(¿?), Bielorrusia, Nicaragua. El bloque democrático lo constituyen EE.UU, Europa y sus aliados.

Aunque el tema presenta sus fisuras con la guerra de Irán junto con sus desconcertantes noticias diarias: amenazas de destrucción por ambas partes, escasas imágenes y un estrecho de Ormuz cerrado y minado por el que han pasado 100 barcos en el mes de marzo, pero eran 138 diarios los que transitaban antes del conflicto. Cuando escribo estas líneas se ha producido una tregua de dos semanas y la reapertura del estrecho.

EL bloque autoritario tiene claro y perfectamente elegido quién es el enemigo: Occidente y su cultura. El combate entre los bandos no se parece a la llamada guerra fría del pasado siglo. Se trata de ir minando con estrategias coordinadas mediante la desinformación, la injerencia electoral, la compra de influencias y la disrupción en redes sociales. Usan armas sofisticadas como lo que el autor llama «la agresión implícita», de suerte que nadie consigue demostrar que se haya producido una intervención de un país extranjero, lo que deja en inferioridad al bando de los demócratas, que necesitan reunir pruebas para denunciar las conductas ilegítimas. La guerra de la información es capaz de producir de forma continuada falsedades, polarización, de tal manera que la opinión pública se empieza a sentir incapaz de distinguir entre la verdad y la mentira.

¿Quién está ganando la guerra de Irán o la estamos perdiendo todos? ¿Hay guerras legales? ¿Son legales las guerras preventivas? ¿Se está reconstruyendo Gaza? ¿Cómo se va a reconstruir Líbano después de destruir su reconstrucción? ¿Quién está perdiendo la guerra de Ucrania?

La respuesta a este conjunto de preguntas –si es que es posible responderlas– no impide señalar la corrupción internacional que blanquea el dinero corrupto de los autoritarios en diferentes bancos occidentales. Las desigualdades económicas, la corrupción de algunos gobernantes, la polarización junto a las falsas promesas populistas facilitan el trabajo de los autoritarios e incluso parecen justificarlo: ¡Occidente se lo merece! ¿Hay soluciones? McFaul –catedrático en Stanford– propone: una mejora interna de la democracia, para que demuestre con hechos tangibles su superioridad moral; un refuerzo de las alianzas internacionales con los países que comparten unos principios fundamentales (OTAN, UE, Japón, India etc.); y una ofensiva ideológica y normativa, que apoye a la sociedad civil en los países autoritarios, aunque sea desde la clandestinidad. Como dice el autor del ensayo: de Putin no me invento nada ya que lo conozco personalmente. Sin embargo, echo de menos un análisis de la política estratégica de Netanyahu.

Como dice Gabriela Bustelo -autora de la recensión- sobre este libro: Hay libros que llegan en el instante preciso. No porque predigan el futuro, sino porque captan el zeitgeist, la esencia de una época, la nuestra, que todos creemos entender conforme la vivimos, sin sospechar hasta qué punto ya no estamos en el mundo en el que nacimos. Este es uno de esos libros. Desde las primeras páginas queda claro que no estamos leyendo la clásica diatriba académica sobre política internacional. Es un diagnóstico urgente, casi clínico, de la enfermedad que afecta al sistema político global. Según su autor, este es el libro más ambicioso de la veintena de ensayos que ha escrito. El conocimiento de los hechos por parte de McFaul hace que se exprese de forma sencilla y comprensible. Sin las dificultades que suelen encontrarse en los ensayos geopolíticos con análisis de ideas. El vaticinio que hace el autor consiste en que esta situación de bloques enfrentados va a durar mucho tiempo. Lo que convierte todo el escenario internacional en más difícil y peligroso. Como señala McFaul el bloque de los demócratas ha sacado pocas experiencias de los últimos acontecimientos. El caso ruso es analizado con bastante profundidad: Desde la anexión de Crimea en 2014 hasta las campañas de desinformación durante los comicios estadounidenses y europeos, la Rusia de Putin ha perfeccionado lo que el autor denomina la agresión implícita. No hay declaraciones de guerra. Nadie consigue demostrar que se haya producido una intervención de un país extranjero. Pero el éxito de la estrategia es lograr crear una tupida niebla de dudas y recelos que paraliza la capacidad de respuesta occidental. En el caso de China el autor define su actitud como un autoritarismo de alto rendimiento: economía subiendo en las correspondientes estadísticas, tecnología global pero con un control férreo político sin fisuras. Un modelo que puede acabar gustando a algunos occidentales. Puede pensarse que los autócratas no sienten interés por su desarrollo militar. Nada más lejos de la realidad: Pero tienden a evitar el enfrentamiento físico, optando por agresiones más ingeniosas: ejercicios militares, incidentes fronterizos, despliegues de mercenarios en África y Latinoamérica. Esta manipulación de la violencia, señala McFaul, permite a los autócratas esquivar su implicación en los hechos mientras multiplican su alcance global.
Sin embargo, siguiendo al autor es posible abordar el conflicto con realismo, defender la democracia con autocrítica, estableciendo una renovación permanente con las correspondientes regulaciones. Es un libro de necesaria lectura para entender el instante geopolítico y su próximo devenir. Aunque algunos de los conflictos esbozados más arriba parezcan resolverse. Únicamente lo va a parecer. Recuerden.

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