Una palabra como sinécdoque de un año
La palabra del año es escogida por Oxford tras realizar un corpus lingüístico con millones de datos recogidos en medios de comunicación, redes sociales, analizando la frecuencia de uso a través de diversas circunstancias. La palabras seleccionadas reflejan tendencias culturales, sociales y políticas según cada año. Un comité especializado revisa la lista y se vota la palabra como reflejo del espíritu del año en cuestión: en noviembre o diciembre se anuncia. Es un buen sistema. ¿Pero que ha pasado desde 2015?

En 2015 fue elegido el término emoji como parte integral del lenguaje digital. La palabra está inspirada en los mangas japoneses. A partir de ese momento -2011 iOS 5.0 los incluyó en los teclados- su crecimiento ha sido asombroso. Los emojis alcanzan todos los usos posibles en la comunicación de tal manera que es un idioma propio que tiene carácter global por encima de idiomas concretos. ¿Son lo mismo los emojis que los emoticonos? Los emoticonos expresaban emociones en los primeras conversaciones digitales. A partir de 2010 se incorporaron lo emojis al sistema Unicode y como consecuencia a los sistemas operativos de los teléfonos móviles y demás. Los emojis sirven para transmitir con rapidez emociones, simplificar conceptos y conectar culturas. Han transformado radicalmente la forma en la que interactuamos digitalmente.

En 2016 la palabra elegida fue post-truth o sea posverdad. Hay que reconocer que esta palabra ha tenido un especial recorrido por su carácter cultural, filosófico y político. Se ha utilizado, especialmente, para reflejar que los hechos reales y objetivos, aunque no sean ciertos, influyen en la opinión pública en menor medida que las creencias emocionales. Varios ejemplos sucedieron ese año. La primera elección de Trump fue famosa por la campaña organizada por Facebook contra su opositora Hillary Clinton. Afirmaciones engañosas , acusaciones sin base, insultos como mujer desagradable: desinformación que favoreció Trump al comprobar cómo noticias no contrastadas creaban una emoción en el votante por encima de la verdad objetiva: la posverdad. Igualmente sucedió con la campaña del Brexit: cifras engañosas sobre la aportación del Reino Unido a la Unión Europea, que la UE hacía sus propias leyes y por tanto el Reino Unido no tenía soberanía legislativa, que los turcos podrían emigrar libremente al Reino Unido, que la UE impedía el control de las fronteras: mentiras, manipulaciones y falsedades. Todo vertido en redes sociales -Facebook esencialmente- y también en anuncios tradicionales. La emoción actuó sobre los hechos y se dijo SÍ al Brexit. Un cierta manipulación -no demasiada acertada- la de llamar post-truth a la mentira como si la verdad pudiera evolucionar en su significado.

Dos conclusiones cabe hacer de este año 2016. Una que en las redes sociales se puede mentir y manipular los hechos -de ahí a también hacerlo en los medios de comunicación hay un simple paso como estamos viendo-. Dos que Facebook ha quedado para una generación desfasada, ya modernamente antigua. Un red para mayores sin jóvenes ni adolescentes. El otro día- en una serie reciente- una editora le decía a un escritor sobre su nueva novela que no había que publicitarla en Facebook era necesario buscar otro público más evolucionado.

En 2017 se eligió el término youthquake referido al cambio social y político provocado por la acción juvenil. En el Reino Unido hubo una alta participación juvenil que sorprendió a los analistas de encuestas. El voto joven que para el diccionario Oxford refleja una esperanza política. ¿Lo es ahora también? Este término que ya se había utilizado en 1965 para cuestiones de moda- Pero ha envejecido rápidamente. Salvo si lo relacionamos con la ideología Woke que también está envejeciendo. Pero eso es otro tema.

En 2018 fue elegido el término toxic referido a comportamientos nocivos con respecto a las relaciones, a la dirección empresarial, y al comportamiento humano en general: -es una persona tóxica. Se suele emplear para alguien que interrelaciona negativamente en los ambientes. Insoportable, salvo que sea referido a tu propio jefe/a que lo hace más insoportable todavía. La palabra ha triunfado y sigue utilizándose con frecuencia. ¿La cuestión es preguntarnos a nosotros mismos sobre cuál es nuestro propio grado de toxicidad?

El año 2019 estuvo provocado por el activismo relacionado con el cambio climático y la necesidad de tomar una postura concienciadora. Las palabras fueron climate emergency. O negacionista o activista. Literalmente dice el diccionario Oxford lo siguiente: “Una situación en la que es necesario tomar medidas urgentes para reducir o detener el cambio climático y evitar daños medioambientales potencialmente irreversibles.” El uso de la expresión emergencia climática se multiplicó por 100: huelgas escolares, movimientos, países y ciudades se declararon como cuidadores de la emergencia de forma oficial. El sustantivo emergencia transmite emotividad incluso ética. Se necesita un cambio de postura para una acción inmediata. En el fondo la elección de esta palabra supuso un cambio cultural que se manifiesta en 2026. Lo que ha pasado desde entonces con este tema pertenece a otro ámbito científico y no léxico.


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