La imaginación es un buen siervo y un mal amo

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Ningún inocente tiene coartada.

Las dos frases que anteceden están dichas o escritas por Agatha Christie (Torquay 1890–Wallinford 1976). El 12 de enero se han cumplido 50 años de su muerte. Sin duda, es muy difícil que alguien que lea estas líneas no haya leído o visto algunas de sus novelas (tres mil millones de copias vendidas -algunos dicen que 4- ), obras de teatro, películas, series etc. Es la novelista que más libros ha vendido desde que se tienen estadísticas sobre este tema. Resulta increíble. Aunque parezca aparentemente ocioso hablar de ello, es necesario preguntarse cuál era su género con exactitud: novela de suspense, de misterio, o lo que se entiende por thriller. Una novela de suspense plantea un misterio que hay que resolver. El protagonista de la narración está implicado en el desarrollo narrativo. El lector contempla sus vicisitudes, e incluso conoce los peligros que acechan al protagonista antes de que sucedan. Un thriller se caracteriza por no dar ninguna pausa al lector mediante un ritmo narrativo que no decrece en ningún momento: hay que seguir pasando páginas hasta el final. El lector está implicado en la velocidad de la trama. Sabe que si no suceden determinadas cosas, otras mucho más desagradables sobrevendrán. Sin tregua en la acción ni en la lectura. En la novela de misterio, en cambio el protagonista es un investigador que no está implicado personalmente en el misterio a resolver. Tal es el caso de Agatha Christie con el detective belga Hércules Poirot o bien Miss Marple.

El planteamiento de sus novelas consiste en la presentación de unos personajes tras un suceso inesperado: un crimen o varios crímenes. A partir de ese momento se va desarrollando la acción, la información y los enigmas. El lector va recibiendo las suficientes pistas para la resolución de la trama que casi nunca suelen coincidir con lo que se estaba imaginando: “La mejor receta para las novelas policiacas es que el detective no debe de saber más cosas que el lector“. Los personajes de sus novelas son gente normal dentro de su época: reconocibles humanamente como vecinos o amigos. Pero hay uno/a que es el asesino/a. Su estilo literario es asequible para cualquier nivel cultural, pero muy acertado. En cierto modo posee una atracción magnética para el lector. Nada sencillo de conseguir. Los talleres narrativos sobre sus novelas y obras de teatro son muy numerosos, pues el análisis de su estilo y sus guiones tiene gran importancia para aprender el oficio de escribir. Se lo aseguro. Uno de los aciertos de nuestra novelista es la personalidad de los detectives. Como dice Josemaría Carabante: Poirot destaca por su exhaustiva capacidad de observación y por la paciencia con la que analiza la psicología de los sospechosos y las circunstancias que rodean los crímenes. Como el propio detective repite, se trata de poner a trabajar “las células grises”. Su dandismo, su imagen -siempre con su distinguido bigote , su afrancesamiento -también en el lenguaje y en la proliferación de expresiones-, su habilidad para realizar interrogatorios amables, son las señas de identidad de este personaje. Las novelas que protagonizó concluyen con unos finales brillantes en los que sobresale su capacidad para hilar todos los ingredientes más o menos inconexos que han ido apareciendo en el relato.

La ratonera

En cambio, Miss Marple vive en un pueblo inglés nada deslumbrante. Su lenguaje no tiene ninguna sofisticación. Las células grises eran lo propio de Poirot, pero Marple en cambio es intuición, inteligencia e información mediante su dedicación a la jardinería y hacer punto. Los dos investigadores, al igual que la novelista conocen a fondo las intenciones ocultas del ser humano: sus debilidades. Como bien dice el profesor Carabante sus novelas rezuman vida, realismo y aroma popular. Agatha Christie publicó 80 novelas de estas características, 150 relatos breves y 25 obras de teatro -necesito añadir que algunas de sus obras de teatro me parecen insuperables en todos los aspectos-. La ratonera ha sido su mayor éxito teatral. Se representó en Londres a lo largo de treinta años: 12 483 representaciones. Asombroso. Ahora mismo en Madrid se representa Testigo de Cargo. La obra es muy buena, aunque es difícil olvidar la versión cinematográfica de 1957 que realizó el genial Billy Wilder, poniendo como actor principal a Charles Laughton.

Charles Laughton en Testigo de cargo.

Recuerdo que tenía aproximadamente once o doce años cuando leí la novela Diez negritos. Estaba solo en casa y según avanzaba en la novela sentía escalofríos. Siendo de día miraba hacia mi entorno por si acaso yo iba a ser el siguiente. Un experiencia que resultó insuperable como lector. Por cierto, en este caso no es lo mismo leer que ver.

Imagen de una de los últimas películas basadas en la novela Diez negritos. No muy conseguida por cierto.

Antes de hacer un recuento de sus principales obras, parece necesario resaltar algunas cuestiones de su vida. Recibió una educación culta principalmente en París y realizó numerosos viajes por Oriente. Egipto despertó su interés por su arqueología y en concreto se apasionó por la egiptología. De hecho publicó su primera novela en El Cairo. Se casó con el aviador Archibald Christie. Tras sus experiencias en la gran guerra, él como aviador y ella como enfermera -se dedicó muy intensamente a la atención de los heridos- se instalaron en Londres. En 1920 escribió su primera novela policiaca presentando a Poirot: El misterioso caso de Styles. El siguiente hecho reseñable es que su marido se fue con otra mujer solicitando a Agatha el divorcio. Ella realizó una especie de novela con su vida. Desapareció y dejó su automóvil junto a un lago. Como si se hubiera suicidado. El suceso provocó un revuelo enorme de policías y voluntarios buscándola. Pero ella estaba en un Hotel alojada con el nombre de Teresa Neele que era el apellido de la amante de su esposo. Once días tardó en ser descubierta y se hizo un poco la “loca” llegando a recibir tratamiento psiquiátrico. Pero nunca habló del tema ni dio ningún tipo de explicaciones del hecho. El asunto dio para mucho en los periódicos y en la opinión pública. Su primer gran éxito llegó con la publicación en 1926 de la novela  El asesinato de Roger Ackroyd. En 1930 contrajo matrimonio con el arqueólogo Max Mallowan: Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrarás.

Algunas novelas, relatos y obras de teatro imprescindibles:

Asesinato en el Orient ExpressDiez negritos (Y no quedó ninguno), Muerte en el Nilo, La casa torcida, Matar es fácil, El misterio de la guía de ferrocarriles, Un cadáver en la biblioteca, El asesinato de Roger Ackroyd, Testigo de cargo y La Ratonera. Que disfruten.

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