Esta frase refleja uno de los muchos pensamientos -brillantemente sintéticos- de Hannah Arendt (Hannover 1906 — Nueva York, 1975). El día 4 de diciembre se cumplirán cincuenta años de su muerte. Cuando murió, era considerada una filósofa, intelectual y escritora de gran fama y prestigio en Estados Unidos. En Europa -por razones obvias- solo eran conocidos estos dos ensayos, uno sobre «Los orígenes del totalitarismo» [Hitler y Stalin] y otro su polémico reportaje «Eichmann en Jerusalén».

Tal y como dice el profesor Carabante , su relación amorosa con Heidegger tampoco ayudó para la difusión en Europa de otros escritos de Arendt [ella era una estudiante de diecisiete años, él era profesor, casado y afiliado al partido nazi -un tema de difícil digestión para la historia de la filosofía, ya que Heidegger cultivó la fenomenología existencial y la ontología fundamental de forma brillante y no prescindible-].

Teoría política de Hannah Arendt
El interés de Arendt por el pensamiento político se inició al percatarse de su condición de judía perseguida por los totalitarismos. En París ayudó a muchos judíos a escapar del holocausto nazi. Una vez que pudo marcharse a Estados Unidos, gracias al visado que le consiguió su primer marido, intentó profundizar en la raíces históricas del antisemitismo. En «Los orígenes del totalitarismo» concluye que las dictaduras comunista y nazi son una mutilación del ser humano a través de un sistema social que se sitúa por encima de las personas. Como sintetiza el profesor Carabante los hombres son medios para la pureza de la raza o para la eliminación de las clases sociales a base de terror y muerte. En Estados Unidos, Arendt imparte clases en Berkeley, Princeton, Harvard y Chicago. Colabora en los periódicos y revistas importantes. En 1958 ,publicó «La condición humana» un ensayo -como casi todo lo escrito por Arendt- de gran actualidad. Según resume Josemaría Carabante : quiso desarrollar un nuevo concepto de la política, superando el cientificismo de las ciencias sociales, al tiempo que reivindicaba la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. Además aprovechó para realizar una contundente crítica a la modernidad filosófica y ajustar cuentas con el marxismo [su contexto familiar era socialista, pero ella se negaba a ser etiquetada políticamente]. Cuando ya desapareció la amenaza nazi rompió con el movimiento sionista.

Como es sabido, el servicio secreto israelí capturó en 1960 a Adolf Eichmann, refugiado en Buenos Aires. Fue llevado a Israel para ser juzgado. Su trabajo como funcionario nazi consistió en la organización de los transportes necesarios para trasladar a los judíos deportados a campos de concentración y de exterminio. Arendt pidió a la dirección de la revista The New Yorker ser enviada especial como reportera para informar y analizar a los lectores sobre este juicio clave que tuvo una gran repercusión mediática e informativa sin que hubiera un especial análisis intelectual ni el correspondiente juicio crítico. Pero si lo hubo en el reportaje/ensayo de Arendt.

Teresa Gutiérrez de Cabiedes publicó la primera biografía en español de Hannah Arendt (2010). En ella, señala la biógrafa que la formación cultural, literaria y filosófica de Arendt era perfectamente compatible con su gran capacidad para divulgar: “Para mí, lo esencial es comprender” frase que resume la apasionante y compleja vida de la filósofa. El libro resultante «Eichmann en Jerusalén» (1963) tiene por subtítulo Un reportaje sobre la banalidad del mal.

Este subtítulo fue malinterpretado. Lo que Arendt quería expresar es que bastantes personas no actuaron de forma absolutamente perversa o desde una maldad radical, sino desde un concepto que ella expresa como un mal banal. Gutiérrez de Cabiedes lo explica: No en el sentido de que el efecto del mal sea banal –que es lo que muchos interpretaron–, como si fuera un mal de segunda clase; sino en el sentido de que el sujeto que comete ese mal es tan superficial que su intención acaba convirtiéndose en frívola. Y claro, eso es grave, porque si metes presión en un ambiente superficial, es relativamente fácil que la gente se vuelva irreflexiva y actúe más por miedo o por impulsos que por un verdadero sentido de las cosas. Se interpretó que exculpaba al acusado de sus barbaridades al decir que era un tipo insignificante e irreflexivo. Muchos de los amigos de Arendt rompieron con ella. Pero Arendt luchaba por su honradez intelectual. La verdad sin ambigüedades.

En segundo lugar, aunque ya se sabía, denunció la colaboración de otros judíos en el holocausto sin los cuales no hubiera sido posible el genocidio. Y más todavía, como remarca la biógrafa: Y que lo dijera en un momento en el que toda una serie de actuaciones políticas (como echar palestinos de sus tierras) se estaban justificando por el crimen del Holocausto. (…) Hannah Arendt fue una Antígona hebrea. [Arendt sufrió un martirio intelectual por buscar y expresar la verdad]. Me atrevo a insinuar lo interesante que sería que en la actualidad española de este 2025, hubiera una Arendt que defendiera la verdad señalando, al tiempo, la tremenda frivolidad de los banalizadores que mienten sin recato.

El feminismo de Hanna Arendt
Arendt defendía el feminismo por la vía de los hechos. No quería etiquetas ideológicas. No abordó directamente el feminismo como tal cuestión en sus escritos, pero sus ideas articularon conceptos como la igualdad de hombres y mujeres en el trabajo, al tiempo que la necesaria diversidad y libertad como seres humanos. Nunca quiso sobre esta cuestión que se mezclaran el ámbito político con el privado.
Sobre la esperanza
Como dice Gutiérrez de Cabiedes hay una conexión entre su vida y sus escritos. El perdón restaura el pasado y nos hace mirar el futuro con esperanza: La amargura de su relación profesor-estudiante con Heidegger se sanó con la relación preciosa maestro-alumna que sostuvo con Karl Jaspers. La brecha que supuso para ella tener que emigrar a un país lejano se suavizó con la amistad intelectual que comenzó allí, primero con muchos exiliados y después también con los autóctonos. De hecho, en su apartamento de Nueva York solía reunirse lo que denominaban “la tribu”: un conjunto de poetas, pintores, escritores, filósofos, artistas e intelectuales, de distintas escuelas, países y tendencias. La esperanza de Arendt se fundamenta en la unión entre el amor y Dios. Aunque nunca practicó la religión judía, en sus diarios y en su correspondencia puede transparentarse su creencia en un Dios personal. Recurrimos de nuevo a su biógrafa española: A lo mejor su fe no penetraba su vida con una riqueza espiritual, pero es verdad que en el ser judía de Arendt hay impresa una finalidad de la historia: que el mundo es creado y no arrojado a la nada; que el mundo avanza hacia una dirección y que alguien lo está sosteniendo; que los sucesos históricos, por duros que sean, pueden alcanzar un sentido. Es como el huérfano que sabe que ha tenido padre y su vida viene de un origen. Hannah tiene sentido de la trascendencia, de que el mundo y el hombre han salido de las manos de Dios. Eso también se ve cuando muere su marido y pide que se rece la oración judía por los difuntos.

Los escritos de Hannah Arendt siguen siendo actuales
Lo expresa el pensador Antonio R. Rubio a los cincuenta años de su muerte al reflexionar sobre si los totalitarismos son un retorno que viene envuelto en los populismos actuales: Los populismos presentan rasgos de los tres regímenes políticos no liberales clasificados por Hannah Arendt. Puede haber autoritarismo en las formas, tiranía en la pretensión de imponerse en nombre del orden y totalitarismo en la existencia de un líder carismático aclamado por las masas. Los callejones sin salida de la filosofía modernista que ella detectó se han producido “en la medida en que cada vez somos más superficiales para juzgar las consecuencias que tiene una filosofía desnortada, Arendt es muy actual”.

Como filósofa aconseja -sin necesidad de ser filósofo ni intelectual- el tratar de entender aquellos hechos que suceden a nuestro alrededor para concluir sobre ellos una opinión o un juicio. La historia se construye o se debe construir así desde la responsabilidad personal.

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