Entre “V13” (Bataclan) y “Jimmy’s World”

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Antes de escribir esta entrada, estaba revisando un conjunto de materiales previos para poder realizar una monografía acerca del periodismo literario francés en el XXI. La crónica desde Camus ha gozado siempre de gran vitalidad, como se puede comprobar en V13 (2023) de Emmanuel Carrère sobre los nueve meses que duró el juicio sobre los actos terroristas islámicos –Bataclan fue uno de ellos- que se coordinaron en noviembre de 2015: 130 muertos y 400 heridos. De los terroristas solo sobrevivió uno. De ahí el juicio y la crónica semanal de Carrère para Le Nouvel Observateur (L’Obs) que acabará publicada en libro con algunas ampliaciones y matizaciones.

Diez años después.

Hacer un buen periodismo li­terario como el de Carrère es muy difícil. Como dice el crítico literario Adolfo Torrecilla:  No es la primera vez que Carrère realiza un trabajo de estas características: El adversario [2013], uno de sus libros más celebrados, también se basa en un juicio, el de los asesinatos que cometió en 1993 Jean-Claude Romand. V13 es un original reportaje periodístico que también participa de la prosa narrativa. Además, el autor, como ha hecho en otros libros de autoficción, aparece frecuentemente en la narración aportando sus observaciones y puntos de vista, en esta ocasión más comedidos que en libros anteriores.

Periodismo literario.

Tras esta introducción, es necesario preguntarse por las características teóricas del periodismo literario. El periodista literario tiene que superar la barrera mental de pensar que hay dos clases de escritura que no deben mezclarse. Como dice Tomás Eloy Martínez, la noticia ha dejado de ser objetiva para ser in­dividual. El periodismo literario es artístico, reflexivo, subjetivo y al mismo tiempo analítico. Parte de los hechos objetivos, por muy pa­radójico que parezca. El propósito es profundizar hasta poder contar y entender los hechos. El periodismo literario crea, dramatiza, especula o narra para hacer más real, más entendible, lo meramente informativo. No tiene por qué hacer más complicada la información, sino, por el contrario, conseguir más claridad con el enriquecimiento literario. Entre la noticia y su interpretación cabe, pues, una gran diversidad de géneros periodísticos que son, a su vez, formas de captar la realidad desde distintas funciones previamente conceptuadas. Martínez Albertos estable­ce una definición de géneros, como aquellas modalidades de la creación li­teraria que son vehículos aptos para la información. Distingue cuatro gé­neros: información, reportaje, crónica y artículo o comentario. El periodista siempre sabe adaptarse a las circunstancias: unas veces necesitará más retórica literaria y otras más sencillez expresiva. En algunas situacio­nes se convertirá en una conciencia ética, en un docente o en un transmisor de sentimientos sociales. Cada momento sincrónico, cada circunstancia, re­quiere una adaptación expresiva y una actitud creativa acorde con su género: cró­nica, columna, artículo, ensayo, etcétera.

En el caso de la crónica periodística no pretende hacer historia, aunque su origen etimológico y su presencia en los géneros literarios e históricos así quieran manifestarlo. Los cronistas periodísticos no son, salvo de forma colateral, historiadores, y sus escritos, dependiendo de los casos, apenas son materiales para el his­toriador. No sólo existe una voluntad de estilo literario en muchas crónicas, sino que puede haber incluso pasajes líricos e intimistas en su plasmación creati­va. La crónica periodística, según Vivaldi, es “una información inter­pretativa y valorativa de hechos noticiosos, actuales o actualizados, donde se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado”. En el caso de Martínez Albertos considera que es un género donde se entremezclan hechos con juicios. Según este autor, el estilo de la crónica ha de ser objetivo. Se queja de ciertos excesos literarios de los cronistas, diciendo que sería preferible el modelo anglosajón, que no deja tanto espacio abierto al binomio improvisación-inspiración y por tanto, a la creación literaria.

Crónica.

La crónica informa desde el tiempo y se debe a un tiempo concreto. Según Fernández de la Mora el cronista pinta ,describe su mundo que no es un sistema sino un paisaje. No es una doctrina sino una historia. En la cual se combinan lo literario con lo periodístico pero siempre a través del rigor en la investigación y en la estructura.

Para concluir merece la pena reflejar algunas las consideraciones sobre este tema de María Cruz Seoane: “En suma: un periodista puede escribir literariamente y un novelista contar hechos realmente sucedidos, pero sólo dentro de un orden, y sus tareas siguen siendo sustancialmente diferentes.
Una periodista de The Washington Post obvió la diferencia básica entre periodismo y literatura en un supuesto reportaje, que en realidad era un cuento, “Jimmy’s World”, sobre un niño adicto a la heroína, que mereció el Premio Pulitzer de periodismo, con el consiguiente escándalo cuando se descubrió el fraude. [No entre el periodismo y la literatura sino en utilizar una ficción para analizar una cuestión sociológica sin decirlo. Me permito matizar].

García Márquez salió en cierto modo en su defensa en un artículo en El País (29-4-1981), “¿Quién cree a Janet Cooke?”: el reportaje no era verídico argumentaba- pero sí verdadero, en la medida en que su autora supo condensar en Jimmy y su circunstancia, individuos y hechos auténticos con lo que trabó conocimiento a lo largo de meses de investigación, material obtenido de educadores sociales especializados en casos parecidos. Y reflexionaba sobre nuestro tema [periodismo y literatura]:
En todo caso, más allá de la ética y la política, la audacia de
Janet Cooke, una vez más, plantea las preguntas de siempre sobre
las diferencias entre el periodismo y la literatura […] Para un novelista lo primordial no es saber si el pequeño Jimmy existe o no,
sino establecer si su naturaleza de fábula corresponde a una realidad humana y social, dentro de la cual podía haber existido. Este
niño, como tantos niños de la literatura, podría no ser más que una
metáfora legítima para hacer más cierta la verdad de su mundo.

Concluía que Janet Cooke quizá no merecía el Pulitzer de periodismo pero sí el de literatura”. Sinceramente no está clara esta conclusión: ningún premio debe concederse. Más bien es necesaria la precisión previa de la autora: esto que van ustedes a leer es un análisis sociológico en forma de narración. Lo hago para que se entienda mejor el problema: no me den premios confusos ¡por favor!



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