“Los centennials necesitamos la normalidad que nunca hemos tenido”

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Este llamamiento aparece reflejado en New York Times para expresar la necesidad de buscar y encontrar una mayor conexión real y humana con amigos y personas queridas por parte de los nacidos entre 1995 y 2010.

Son nativos digitales con lo cual sus opiniones sobre las redes sociales y la comunicación son claves. Innovación y creatividad son sus mantras, por esta razón tiene gran importancia la afirmación que da título a esta entrada.

¿Por qué los centennials son ya la generación más quemada del presente? Imagen y pie de página tomado de El Confidencial

Elena Escobar acaba de publicar en Aceprensa un artículo titulado La era de las redes antisociales. El inicio de las redes sociales -aunque resulte casi arcaico mencionarlo- consistía en tener un espacio donde poder comunicarse, en sentido amplio, con amigos, familiares, compañeros, etc. En 2006 Marx Zuckerberg refiriéndose a Facebook: “te ayudamos a conectar y compartir con las personas que hacen parte de tu vida”. El tiempo ha ido pasando.

El tiempo pasa y las opiniones cambian.

Pensar ahora que Facebook tuvo una influencia clave en la primera elección de Trump en 2016 frente a Hillary Clinton resulta casi un relato imposible en 2025. La IA ha transformado las redes sociales -junto con la publicidad y la autopromoción- como dice Elena Escobar, en plataformas para consumir contenidos: o sea entretenerse.

Facebook y Twitter fueron claves para llegar a los electores

Como consecuencia han surgido dos nuevas:  Vibes y Sora2, las nuevas redes creadas para compartir exclusivamente vídeos elaborados con IA confirman el cambio de concepto. El mismo Zuckerberg dice que los lazos sociales y lo de los amigos se va quedando atrás: “Facebook, en concreto, se ha convertido más en un espacio de entretenimiento y descubrimiento general” declaró cuando compró Instagram y WhatsApp.

Según Karen Hao -esta periodista especializada en los problemas de la IA- es definida como un dolor de muelas para Silicon Valley. Va a publicar a finales de noviembre en España Imperio de IA que ha sido un súper ventas en Estados Unidos a pesar de todos los intentos para desacreditarla. Lo llama Imperio porque la IA se apropia de recursos y datos que no son suyos. En segundo lugar, porque los trabajadores que están en el submundo de la IA, lo están por salarios miserables y escasos. Y en tercer lugar, porque monopolizan el conocimiento al tener a su servicio a los mejores investigadores de IA. Todo, como consecuencia, responde a sus propios intereses que a su vez dependen de fondos de capital que buscan un lucro inmediato.

Es muy interesante la lectura, para tener un mensaje esperanzador sobre el tema, del artículo de Rafael Serrano La inteligencia artificial necesita una ética humana sintetiza el Congreso sobre Derechos Humanos organizado por la Fundación Mainel en Valencia: Pero “las tecnologías complejas no son neutras”, señaló Bellver -Vicente Bellver es catedrático de Filosofía del Derecho y Política-, y la IA en concreto “responde a una concepción social y antropológica” determinada. Al aplicarse a las redes sociales y al marketing, se basa en un conductismo que envía estímulos para obtener respuestas –ver, escuchar, comprar–: de hecho, “considera al ser humano como si fuera una máquina que manejar”.

Continuando con el artículo de Elena Escobar: El resto del tiempo invertido en esas plataformas se pasa o bien en los mensajes directos y los chats privados, uno de los servicios de las redes en los que aún se tiene contacto con conocidos, o bien en los feeds: es decir, mirando el contenido que arroja el algoritmo (publicaciones de cuentas populares, publicidad, y, ahora, el contenido creado con IA). Para comprobarlo, basta con abrir cinco minutos una de estas aplicaciones y revisar cuánto tarda en aparecer un post de algún conocido.

Cada persona que postea, como dice Escobar, se convierte en una mini-influencer tal y como dice Freya India, periodista especializada en estos temas en After Babel: “nos hemos convertido en personajes de televisión; nuestras memorias, en episodios;  nosotros mismos, en entretenimiento. Nos hemos convertido en el contenido sin sentido”. Los centennials y la generación Z están tratando de reducir el tiempo de consumo digital especialmente en redes y también generando espacios para hablar libres de pantallas.

Por último, Escobar añade que el peligro de estas redes sociales alimentadas solo por IA puedan generar falsedades con enorme facilidad. Lo que faltaba. Parece, en principio, que el sistema acabará cansando, pero como dice el Eclesiastés: El número de los necios es infinito -aunque esta rotundidad en la afirmación depende de la traducción que se escoja.

Nueva Revista ha publicado recientemente -o bien hace referencia a próximos comentarios- dos Avances haciéndose eco de este tema. El primero se titula ¿Han tocado techo las redes sociales?. Las estadísticas –Financial Times- señalan un evidente declive desde 2022.

Universidad de Ámsterdam

El segundo, lleva por título ¿Tienen arreglo las redes sociales? y es una entrevista a Peter Törnberg y Maik Laroouj investigadores de la Universidad de Ámsterdam que llegan a concluir, entre otras cuestiones, lo siguiente: ¿Las redes sociales están rotas más allá de toda reparación? Un nuevo estudio sugiere que los problemas más tóxicos de estas plataformas -como la polarización, la desigualdad de atención y la amplificación de voces extremas- no se deben solo a los algoritmos, sino a la propia estructura de las redes. Incluso las estrategias más prometedoras para mejorar el entorno digital parecen tener efectos limitados o contraproducentes. Francamente interesante para buscar una solución.

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